El Objetivo general de Dream Nepal es atender las necesidades de la población infantil que tiene a sus padres en prisión, y para ello nos marcamos la misión de rescatar de la prisión a esos niños, inocentes de cualquier posible delito que puedan haber cometido sus padres, para proporcionarles un hogar seguro en el que dispongan de una correcta alimentación, atención sanitaria y psicológica y apoyo educativo que les garantice un correcto desarrollo, para ello nos proponemos la creación y gestión de cinco casas de acogida que dispongan de las instalaciones adecuadas donde proporcionar la asistencia y la educación que mejore la higiene, la sanidad física y psicológica, la alimentación y la atención educativa y recreativa, en un ambiente seguro y libre, de los niños acogidos en el Proyecto, en la que se promuevan los Derechos Humanos, la igualdad de género y se respeten los Derechos del Niño.

Queremos crear hogares vivos, dando valor a la convivencia, la comunicación, creando espacios para la cultura, la naturaleza, la expersión artística.

Cuando una mujer de cualquier país del mundo es encarcelada, sus hijos sufren de alguna manera, las consecuencias. Algunos viven fuera de la cárcel, con parientes o en la calle, pero sin su madre, y otros viven con sus madres en prisión. En pocos países pueden vivir en la cárcel con su padre debido, por un lado, a la tendencia de que las mujeres sean las principales o únicas cuidadoras de los niños, y, por otro lado, a la falta de instalaciones para niños en las cárceles de hombres. En algunos casos como Nepal, no se permite que los niños vivan con su padre en la prisión porque se piensa que es demasiado peligroso, especialmente para las niñas (Robertson, 2008).

Existen pocas investigaciones que examinen el impacto que tiene la cárcel sobre los niños que viven en ella, pero entre las que hay (Robertson, 2008), existe un consenso en determinar qué:

  1. Permitir que los niños vivan en prisión trae problemas a los propios niños, a las madres, a los familiares que están fuera de la cárcel, al personal penitenciario y a otras presas.
  2. Las cárceles, especialmente aquellas con un régimen más restrictivo, rara vez son el lugar más apropiado para el crecimiento y desarrollo de los niños.
  3. Las vidas de los niños se verán afectadas en cuanto al lugar físico y en cuanto a las restricciones, aun cuando vivan en condiciones que intenten imitar su comunidad.

Un estudio del Instituto Nacional de Criminología y Ciencias Forenses de la india (Shukla, 2006), encontró que en ese país:

  1. La mayoría de los niños que vivían en las cárceles sufrían por falta de alimentos, falta de atención médica, malas instalaciones, falta de actividades educativas y recreativas.
  2. No existían programas para el correcto desarrollo bio-psico-social de los niños.
  3. No había personal capacitado para cuidar de los niños.
  4. No se les ofrecía ningún tipo de alimentación especial.
  5. Las madres pensaban que la estancia de sus hijos en la cárcel tendría un impacto negativo en su desarrollo físico y cognitivo.
  6. Los niños no experimentan una vida familiar normal ni son conscientes del concepto “hogar”.
  7. El patrón de socialización se ve muy afectado al convertirse la policía o los funcionarios de prisiones en su única figura masculina (en muchas ocasiones, los padres ni siquiera les visitan en prisión).
  8. En ocasiones los niños muestran un comportamiento violento y agresivo.

Además de los problemas que supone que un niño se desarrolle en un ambiente carcelario, existe el problema de la readaptación: Cuando los niños y niñas que han vivido en la cárcel con su madre salen de ella, bien sea antes o al mismo tiempo, su readaptación al mundo exterior se convierte en una difícil experiencia ya que han de volver a conectar con sus familias y con un entorno social del que se desconectaron o que nunca han conocido y para el que, en cualquier caso, no están preparados. A esto se le suma el estigma social de haber permanecido en la cárcel y de tener una madre delincuente. En muchos casos, y por este motivo, son repudiados por la propia familia e incluso abandonados por el padre.

Otro problema asociado a la salida de la cárcel es la tendencia del  niño a cometer delitos y volver a ella, provocada en parte por ser el modo de vida del que han oído hablar en prisión, y en parte por ser la prisión el único ambiente que han conocido y al que quieren regresar porque se sienten “protegidos” (Robertson, 2008), con lo cual el hecho de que los hijos de madres en prisión les acompañen durante su condena se convierte en germen de nuevos delincuentes y excluidos sociales que contribuirán al deterioro social del país.